Para el estudioso más aplicado, o el enfervorecido apasionado del cine fantástico, guardar con celo algún ejemplar de la mítica revista Terror Fantastic es el gesto con el que, como si de un ritual ancestral se tratara, debe rendir tributo a sus antecesores. Es una forma de mostrar su respeto y admiración hacia unas personas que defendían a capa y espada un género, que si bien contaba de gran popularidad, era sistemáticamente menospreciado en la época que les tocó vivir -hablamos de principios de los 70- por intelectuales de todo el espectro ideológico. Ellos se mantenían en sus trece, llegando a publicar 26 números entre octubre del 71 y noviembre del 73, a pesar de ser blanco de burlas y el más necio desprecio proveniente de diversos flancos. Con lo que no pudieron fue con el acoso de la censura que acabó provocando el cierre de la revista, tal como se explica con gran detalle en el blog Planells Facts&Fictions. Creo que he tardado demasiado, pero finalmente he cumplido con la ofrenda pendiente. La verdad es que, viendo los ejemplares, ¡no sé cómo he podido tardar tanto!.
Son seis números en excelente estado de conservación, lo que refuerza la sensación, al recorrer las páginas de esta revista pionera, de estar viajando al pasado y conocer unos tiempos que poco tienen que ver con los actuales. Revisándola, siento una especie de mezcla entre nostalgia y sensación de alivio. Por un lado siento envidia de unas personas que vivieron una época cinematográficamente dorada en la que maestros como Terence Fisher o Mario Bava aun seguían vivos y ofreciendo grandes obras. Pero por otro lado, no puede negarse, y los amargos lamentos de muchos redactores de la revista así lo atestiguaban, que fue una época con más sombras que luces, en los que un rancio régimen parecía agonizar eternamente sumiendo en la tristeza y la desesperación a toda una generación que se resignaba a ver como cercaban con alambre de espino sus libertad y sus sueños.

Las críticas a la censura son furiosas y constantes en la revista, una provocación que acabaría constándole la vida a la revista, pero están plenamente justificadas. Muchas obras censuradas quedaban mutiladas, dejaban de tener sentido, perdían su significado. Sólo una peregrinación al hoy veterano Festival de Sitges -que iniciaba por aquellos tiempos su andadura- o a la fronteriza ciudad de Perpiñán, permitía a los españoles conocer íntegramente muchas de las películas de terror que se producían en la época. Conocer los clásicos tampoco era tarea fácil, porque aunque la censura los solía respetar, cuando el único formato doméstico existente eran caras películas en super8 y sin sonido que se anunciaban en la revista, su visionado sólo era posible en filmotecas y en esporádicos pases por televisión. Lo cierto es que, por mucho que nos quejemos, somos unos privilegiados por tener acceso a tanto cine, con tan poco esfuerzo. Dudo que entusiastas colaboradores como Luis Gasca, Juan Tébar o el mismísimo Terence Moix pudieran ni tan siquiera soñar con poder tener prácticamente al alcance de la mano (controlando un sofisticado electrodoméstico), prácticamente toda la historia del cine. Sería para ellos una historia de ciencia ficción inverosímil. Aunque es posible que precisamente por lo complicado que era en la época poder disfrutar de ese cine que amaban, lo apreciaran más, y es que las páginas de Terror Fantastic desprenden verdadera devoción por el género.
No quería acabar la entrada sin comentar que la tienda donde hice la compra de los ejemplares resultó estar dedicada a una forma de coleccionismo solidario. Me pareció una encomiable iniciativa y por eso quisiera apoyarla. Básicamente se encargan de recoger material de coleccionismo (libros, comics, discos) que la gente dona, para venderlo e invertir los beneficios obtenidos en varios proyectos sociales en Latinoamérica. Os animo a que visitéis su web: http://www.coleccionismosolidario.org.