Arranca el treintavo Festival de Cine de Terror de Molins con un acto que reivindica, irónicamente el día de difuntos, que se encuentra más vivo que nunca y atraviesa una especie de segunda juventud, culminación de una resurrección zombiesca tras épocas no muy lejanas en las que se le daba por muerto y enterrado. Una multitudinaria audiencia, de todas las edades y condiciones, acoge entusiasmada la emotiva presentación del festival en forma de (auto)homenaje –incluso con un exceso de autobombo- a treinta ediciones de terrorífica trayectoria. Dos de los fundadores del certamen reciben un merecido premio honorífico, y se proyecta un documental conmemorativo tan apasionado como apasionante. A continuación, la proyección de Braindead (Id, 1992) del hoy reputado Peter Jackson -un título legendario dentro del género gore- conservó el calor de una audiencia enfervorecida, si bien algo diezmada, hasta que la proyección de The blood runs cold hizo bajar en picado la temperatura de una despoblada platea que acogió con frialdad sus ya gélidas imágenes rodadas en heladas tierras suecas. La película dirigida por el debutante Sonny Laguna, acompañado por un minúsculo equipo artístico y técnico, realiza una estimulante “deconstrucción” de un género tan trillado como el slasher al reducirlo a su quintaesencia, a sus partículas fundamentales (un asesino suelto, unos jóvenes acechados…), sin mayores pretensiones, ni (innecesarias) explicaciones. Destacar, asimismo, el óptimo aprovechamiento de las posibilidades hipercinéticas de la compacta cámara Canon D7 (en realidad, una cámara de fotos) con la que fue rodada. En definitiva, una película de terror minimalista que hace buena aquella máxima de que muchas veces menos es más.
Después del pase de El ejercito de las tinieblas (Evil Dead 3, 1992), última parte de la mítica trilogía de Sam Raimi, el martes 2 se presenta la segunda película incluida dentro de la Sección Oficial de Largometrajes –que por primera vez contaba con premiación-, tras The blood rund cold. Como la anterior, un slasher con todos sus ingredientes (matarife de identidad ofuscada con predilección por las armas blancas, jovenzuelos perdidos en el campo…), si bien combinados de manera harto tópica, dando lugar a un plato entre indigesto y, lo que es peor, insípido. Nos referimos a Madison County de Eric England. Una decepción mayúscula, habida cuenta de ser una película que se esperaba con particular expectación.

El miércoles la proyección de El dentísta (The dentist, 1995) de Brian Yuzna pone el broche de oro (para algunos, más bien de latón) al breve ciclo de películas con el que el festival honraba al cine de género de los 90 y que comenzó con Braindead y siguió con Evil Dead 3. Le siguió, ya dentro de la sección oficial de largometrajes, la alemana The last employee de Alexander Adolph. Una irregular parábola, aunque a ratos altamente sugerente y perturbadora, en clave de cine de terror, acerca del inhóspito paisaje humano dejado por la desoladora crisis económica (y de valores) que padecen los países occidentales. Fantasmas, más mentales que reales, pueblan una película de admirable ambigüedad, que incluye nudos de conexión con la ola de cine de terror oriental que arreció los cines en los noventa y el universo cínico de Michael Haneke. El mismo día, la actriz Morjana Alaoui se convertía en el centro de atención con un coloquio que giro en torno a la película Martyrs(2008), que portentosamente protagonizó.
El viernes fue el turno de los cortometrajes a competición, todos ellos dentro del género del terror y con un nivel de calidad más que notable. En total fueron 18 títulos, la mayoría españoles, de los cuales fueron premiados La granja de Ignacio Lasierra (primer premio, interpretación y premio del público Filmin), Fase Terminal (segundo premio), Alastor de Rafa Dengrá (FX) y Deus Irae de Pedro Cristiani (Premio del público).

Y llegamos al sábado, último día del festival. En Molins de Rei, concretamente en el inquietante y magnífico Teatre de la Peni, y al amparo del ya clásico (y necesario) Festival de Terror , se está a punto de proyectar Mom, I’m a zombie (ya proyectado previa y exitosamente en Sitges) el documental de Héctor Sánchez que nos narra la evolución del género zombie desde sus inicios hasta la actualidad, a través de interesantes entrevistas a popes como Jaume Balagueró, Tom Savini o Diana Peñalver, la recordada y sufrida heroína de Braindead (Id., 1992). Con la “Marcha Zombi” de Madrid como nexo, el realizador , a través de la opinión de varios expertos en el tema, varios de ellos escritores de la novísima literatura zombi (al menos por nuestros lares), nos va desgranando las vicisitudes de tan temidos seres, situándonos como punto de partida el film La legión de los hombres sin alma (White zombie, 1932) interpretado por Bela Lugosi y dirigido por Victor Halperin, en la cual se nos presenta al zombi como personaje cinematográfico, aún claramente relacionado con la magia vudú . No sería hasta La noche de los muertos vivientes (The night of the living dead, 1968) de George A. Romero, en que el zombie pasa a transformarse en el no-muerto devorador de cerebros y carne humana que conocemos y tememos todos. Todo esto, y mucho más, nos va revelando el interesante (aunque imperfecto, a nivel puramente fílmico) Mom, I’m a zombi. La tarde no podía empezar mejor.
Un pequeño descanso y a las 19:50 accedemos otra vez a la sala, esta vez en medio de una espesa niebla que nada bueno augura, para disfrutar de lo que muchos consideran el corazón de este Festival: sus ya clásicas XII horas de terror. La sala, como era de esperar, está hasta los topes de impacientes espectadores ávidos de emociones fuertes. Y las tuvimos. Como cada año, hubo atractivas e inesperadas performances entre película y película, a destacar la de la tortilla bañada en sangre y devorada posteriormente ( que no creo que olvide nunca), extraída del cuerpo del mismo sujeto, claro está (recordándome poderosamente una terrible escena del Teniente Corrupto de Ferrara); un par de Leatherfaces corriendo asalvajados por los laterales y un inmisericorde petardón que me dejó oyendo ecos durante un buen rato. Muy buena ambientación, sin duda.

De Insidious diré poco, solamente remarcar el gran interés de James Wan en darle su toque personal a un tema ya tan manido (y con Poltergeist como gran influencia) como el de las casas encantadas. Personalmente, me produjo más de dos y tres escalofríos, además de tenerme en un estado de tensión constante. En general, fue muy bien recibida por los espectadores. Sennentunschi fue, sin dudarlo, el toque “exótico” de la noche. Producción suiza del 2010, y más cercana al thriller que al terror, nos cuenta las reacciones de varios personajes ante la aparición ,en el seno de una ¿idílica? comunidad de los Alpes Suizos, de una bella y misteriosa joven. Creencias religiosas y creencias paganas se dan de la mano en este lúcido, original y a ratos cruel film. Eso sí, para bien o para mal, no dejó indiferente a casi nadie. Gran ejemplo de un tipo desconocido de cine, al menos para un servidor. Y sólo dos palabras para The orphan Killer: gore y aburrimiento a mansalva. Eso sí, con la presencia, quizás, del psychokiller más charlatán de la historia del género. Decepción absoluta. Y pensar que se llevó el Premio a Mejor Película…
Pasito a pasito, Oliver Abbou, con esta coproducción franco-canadiense y gran maravilla llamada Territoires va consiguiendo lo que se merece: premios (en este caso como Mejor Director y el premio del público) y la admiración del respetable. El retorno al hogar de una familia y su obligatorio paso por la frontera (en este caso, de Canadá a EE.UU.) culminará en un descenso directo al infierno de la mano de un agente fronterizo y su fiel ayudante. Nada es tópico en este film. Las situaciones más terroríficas e increíbles se nos sirven en un tono tan realista que muchas veces nos olvidamos de que estamos ante una película. Hay mucho sufrimiento pero Abbou no cae nunca en el exceso ni en el susto fácil. Película inclasificable ya que juega con los géneros de una manera muy inteligente y que nos hace recordar la absurda arbitrariedad de esos géneros. Ópera prima muy, muy recomendable.
Y dejo para última la que para mí fue la gran sorpresa de la noche: Vile, ópera prima del actor Taylor Sheridan (C.S.I., Veronica Mars). Pese a su arranque poco prometedor, demasiado parecido a clásicos como Cube o Saw, es decir, un grupo de personas son secuestrados y han de trabajar en equipo para poder salir airosos de esa situación, la película, acompañada de un muy acertado sentido del humor, se va creciendo y creciendo hasta un final también poco original. El dolor es el gran protagonista de este film. Y sin ser demasiado gore, cumple con creces su objetivo. Quizá no tenga la calidad fílmica y de guión de Territoires, pero hacía tiempo que no disfrutaba ante un film de este género. Para mí, sin duda, fue la gran sorpresa de la noche.
El jurado, integrado por el crítico cinematográfico Quim Casas, Álex Brendemuhl (actor de la más que interesante Herois) y Morjana Aloui han premiado The Orphan Killer (Mejor Película), Territoires (Mejor Director) y The last employee (Mejor Interpretación). El premio del público ha recaído en Territories. Esperamos con impaciencia, desde ya, la próxima edición de un festival que se ha ganado la simpatía y el aprecio, incluso de los aficionados más exigentes.
Nota: El fragmento de la crónica correspondiente a las 12 horas de terror, fue publicada anteriormente en la página web de SCIFIWORLD.ES.